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miércoles, 2 de noviembre de 2011

Otro cuaderno rojo


Parece que comenzar a seguir a Marta y a conocerla un poco es mantener una extraña relación con los cuadernos rojos, que aparecen cíclicamente. El domingo pasado Marta publicó la foto que ilustra este post, cuyo centro ocupa otro cuaderno rojo. Y esta foto, hecha por ella misma y donde no se la ve, es de esas fotos que me encantan porque me transmiten mucho. Además de ser estéticamente bonita, activa mi imaginación. Sin palabras, una sola imagen, esas notas manuscritas (lástima que no puedan leerse), documentación impresa, los subrayados de ese artículo del El País, el borrador de la entrevista, ese cuaderno rojo. Dice tanto esa foto.

Me habla de una gran periodista que hace su trabajo y no deja que los demás lo hagan por ella. Habla de alguien meticuloso, que se prepara las cosas y deja lo menos posible a la improvisación. Habla de una mujer apasionada por su trabajo y por estas pequeñas grandes alegrías que le proporciona su profesión. De alguien inteligente, capaz no sólo de ingerir cantidades ingentes de información, sino de procesarla y sacar de ella lo mejor y lo que necesita para hacer su trabajo. De una persona que sabe que en menos de 24 horas tendrá delante a alguien a quien todo el mundo le gustaría tener y poder preguntarle 4 cosas, una persona consciente de esa responsabilidad, que en lugar de abrumarla la motiva.

Y veo esa foto y todo esto que os he contado. Pero además mi imaginación me hace ver más allá de lo que el encuadre que escogió Marta nos muestra, como en una especie de travelling que me permite ir viendo el resto de la habitación cuando se hizo esa foto. Y me imagino a Marta con el pelo recogido por una de esas gomas que suele llevar en la muñeca, con ropa cómoda de casa, puede que incluso pijama, como una estudiante que se dispone a pasar una noche en vela ultimando un examen. Con el portátil sobre la mesa, decenas de hojas, cuadernos, rotuladores y bolígrafos esparcidos sobre ella y sobre cualquier rincón susceptible de ser usado como mesa supletoria. Saltando de un periódico a unas hojas impresas, corrigiendo el borrador una y otra vez, añadiendo y quitando cosas. Buscando en Google, twitter, facebook... en fuentes públicas y seguro que otras reservadas a periodistas, todo aquello que pueda serle útil para sacar el máximo partido a esos minutos en los que estará con Rubalcaba. Con música de fondo. Seguramente ópera, pero puede que algo de Jazz suave. En algún rincón de la mesa, una copa de algún tipo de vino (no me preguntéis por qué, pero me imagino algún vino blanco) o más probablemente una taza (¿quizás roja con una banda blanca?)con algún tipo de infusión.

Y a través de la ventana desde la cual admiraba a su vecina tocando el piano aquella noche de febrero, somos ahora nosotros, como vecinos virtuales curiosos, los que la admiramos mientras trabaja apasionadamente, porque no es sólo su trabajo, es su pasión. Y eso lo intuíamos antes de verla en Las Mañanas de Cuatro y lo confirmamos esos primeros meses apasionantes con su twitter. Y sabemos que sigue ahí y que son momentos como estos los que más disfruta. En la soledad de su casa preparando un gran momento televisivo y periodístico como la entrevista a todo un candidato a Presidente de la nación. Y luego en el plató, con la seguridad y la tranquilidad de llevarlo todo bien aprendido de casa. Esta es una de las grandes Martas periodistas, que no la única. Y ahí estará siempre.

Y fijaos que todo esto me lo transmite una foto en la que ni tan siguiera se ve a Marta Fernández, pero que para mi nos muestra mucho más de ella que lo que se ven en las sesiones de fotos habituales.

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